Tiempos de Paciencia

Como siempre ocurre, cuando surge el llamado a participar de Más Vida algo en mi interior se moviliza. Es como un cascabel que amorosamente me despierta, me reconecta y me vuelve al camino. Inevitablemente, la temática elegida llega para interpelarme y mientras dejo que mi mano elija las palabras que se van dibujando en la página en blanco, mi atención se vuelve hacia mi interior, creando la conexión.
Agradezco infinitamente la magia de la vida y especialmente, poder ser consciente de ella.
Luego del huracán emocional que significó el 2020, comencé este nuevo año con el firme propósito de DISFRUTAR, algo que personalmente no me resulta fácil. Me propuse disfrutar de lo cotidiano, de los pequeños momentos, de las personas que me rodean y también de lo que me sorprende y llega a mi vida de forma inesperada, permitiéndole emerger sin juicios prematuros.
Aunque me motiva sobremanera el propósito que le impregné a mi año, reconozco que es un gran desafío. Tiendo a abrirle la puerta con demasiada asiduidad a la auto exigencia, a la crítica y a la culpa, compañeras poco amables del camino.
Muchas veces, me enredo en mil y una historias, que me llevan a kilómetros de distancia del disfrute. Me lo hacen saber mi ceño que se frunce, mis hombros que se tensan y mi mente que intenta convencerme de que no soy lo suficientemente adecuada para lograr lo que deseo.
Es entonces cuando la vida me hace un guiño y aparecen sus mensajeros, como esta maravillosa revista.
Respiro profundo, sonrío y retorno al camino elegido, procurando estar más atenta a las trampas que me tiende mi ego. Porque si bien por momentos me reconozco en viejos senderos, he aprendido a aceptarme y a ser paciente conmigo. Saber que siempre puedo volver a empezar y que eso implica una valiente elección, se siente como un calorcito en el Alma.
Tras un año que me hizo chocar de bruces contra todo lo que ilusoriamente creía tener bajo control, empecé el 2021 deseando modificar algunos hábitos y comportamientos, recurrentes en mí.
Me di cuenta, sin embargo, que más allá de lo visible, es mi condición interior la que obra milagros si estoy atenta a ella. Solo tengo que estar predispuesta a “ver” los tesoros ocultos en cada situación y es allí donde ocurre la magia.
Me propuse así, ser más compasiva y amorosa conmigo. Empecé el año dispuesta a desprenderme del paradigma de la lucha, que me lleva a ver dificultades por doquier, para abrazar la confianza en el camino. Pude conectarme con la pausa que me permite ver el regalo tras el desafío; con la mirada curiosa, desprovista de críticas y juicios, que me permite descubrir nuevos e impensados caminos y con mi sabiduría interior, que me permite ser QUIEN SOY.
Me propuse también vivir más simple, a un ritmo más lento, entrenando el hábito de ser paciente con la vida, confiando en los procesos y en que lo que tenga que ser, será. Así, sin más y sin que yo pueda hacer algo…
El 2020 quedará guardado en la memoria colectiva de la Humanidad por ser el año de la transformación mundial, en muchos niveles.
Yo elijo recordarlo por los maravillosos tesoros que esa transformación trajo a mi vida. Mientras todo lo conocido se desmoronaba, aprendí a ser paciente, a cultivar la confianza, a ser más compasiva, a vivir en calma y a conectarme con el AMOR para que guíe mis pasos.
Estoy convencida de que todo depende de nosotros y de cómo elijamos ” ver” lo que nos rodea. A veces me sale más fácil y otras veces, la vida me pone a escribir sobre aquello que me está costando reconocer…
Y tú… ¿cómo eliges “ver” tu vida?
Agregar un comentario
Suscripción
Recibí nuestras novedades en tú e-mail.



