En homenaje a Juan Francisco Canil

Uno de los más notorios presidentes de AUDEA

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Juan Francisco Canil, fue un maestro y bajo su presidencia impulsó y logró una renovación total en la actuación de la gremial y de las propias Compañías. 
Su actuación se desarrolló durante el último tercio del siglo XX desde la compañía de seguros alemana La Mannheim. En ese lapso revivió a la Comisión Local de Aseguradores, fundó y organizó la Cámara de Seguros del Transporte como una de las dos ramas en que se dividía la Comisión Local. 
Su trayectoria en el ámbito asegurador fue de primer nivel, tanto en el plano local como internacional, jerarquizando y prestigiando este sector de la economía y conquistando un sitial de privilegio para nuestro país.
Luchó para que los aseguradores privados y el Banco de Seguros actuaran conjuntamente en defensa de los intereses del mercado asegurador nacional. Fue un innovador, audaz y perseverante, que proyectó al mercado asegurador nacional a niveles insospechados.

Dos episodios lo pintan de cuerpo entero

Cacho Canil era un genio de las relaciones públicas. A mediados de los años ochenta las gremiales de transportistas terrestres mantenían un enfrentamiento muy duro con las compañías de seguros, por temas diversos. Canil decidió solucionarlo y para ello invitó a todos los gerentes de las compañías y a los dueños de empresas de camiones a un asado y campeonato de truco en el club Malvín, del cual era presidente. La reunión comenzó a mediodía, regada con abundantes libaciones. El campeonato de truco terminó de liquidar las reticencias y desconfianzas recíprocas. A las cinco de la tarde habían llegado a un acuerdo total, cediendo cada parte lo que podía ceder y se había solucionado el conflicto. 

Otro episodio. Las compañías de seguros tenían un dolor de cabeza con la alta siniestralidad de la mercadería transportada en barcazas paraguayas. El sector era de una gran informalidad y los paraguayos se negaban a que sus barcazas fueran examinadas y tuvieran certificados emitidos por las sociedades de clasificación. Canil propuso y lideró una resolución unánime de las compañías privadas y del Banco de Seguros por la cual las barcazas paraguayas serían examinadas y clasificadas por las propias compañías cada vez que tocaran puertos uruguayos. Y las primas a cobrarse dependerían de esa clasificación. La resolución causó un conflicto que alcanzó niveles diplomáticos. Cacho le hizo ver a las autoridades nacionales y también a los paraguayos que en ese tema no solo estaba en juego el interés de los aseguradores sino el interés superior de la seguridad de la navegación. 
Hoy en día Paraguay tiene la segunda flota fluvial del mundo y sus barcazas y remolcadores cuentan con todos los certificados de seguridad emitidos por las sociedades internacionales de clasificación. Pero pocos recuerdan que esta iniciativa de Juan Francisco Canil y de la Comisión Local de Aseguradores de Uruguay, fue la que puso en marcha la necesaria reforma y modernización del sector.
   
Pero donde Juan Francisco Canil dejó una huella más importante fue en materia de recuperos. Canil fue quien inventó y armó la actual política de recuperos de todas las compañías de seguros que operan en plaza. Hace cincuenta años no había recuperos en Uruguay. 

En vía extrajudicial, algunas compañías ni se molestaban en hacer reclamos... siempre les decían que no. Así que simplemente después de pagar una indemnización mandaban el expediente a cada matriz donde tampoco se hacían los recuperos: los abogados del hemisferio norte cobran USD 500 la hora o más, lo que hace imposible hacer juicios por sumas menores a los USD 50.000. Por encima de esa cifra generalmente rigen límites de responsabilidad, así que los casos grandes tampoco se recuperan. Y, además, para cuando el expediente llegaba a un estudio en Londres, ya había vencido el plazo del año de prescripción. Y tampoco había recuperos judiciales. No había alternativa de hacerles juicios aquí en Uruguay. 

Ello fue así, hasta que un día se encontraron con alguien que cuando tenía razón no admitía un no por respuesta. Ese alguien fue Cacho Canil. No solo resucitó a la Comisión Local, sino que convenció a todas las compañías para que cambiaran su práctica e iniciaran una política de recuperos agresiva y eficaz en Uruguay. Y además consiguió dos abogados recién recibidos que no sabían que los recuperos eran imposibles. 

El resto de la historia es conocida por todos. O, mejor dicho, debería ser conocida, pero mucho nos tememos que, con el normal devenir del tiempo, alguna de las ideas y principios que basaron esa política de recuperos se vayan desdibujando o simplemente sean ignoradas u olvidadas. Ello es una consecuencia natural del proceso de renovación de personal, tanto por el cambio de jerarcas como por la rotación de personal encargado de dichas tareas en las distintas aseguradoras.

Algunas de estas reglas las inventó directamente el propio Canil y las tuvo claras desde el primer momento, otras las fue descubriendo a medida que fue desarrollando la política que se había marcado. Podemos decir con orgullo que algunos principios los descubrimos juntos... ya que la tarea de hacer recuperos es un juego de equipo y Canil era un maestro en lograr que todos los que trabajaban con él, lo adoraran y tuvieran puesta la camiseta de cualquier cosa que se propusiera lograr. 

Yo las llamo "Las Reglas de Cacho" y algunas de ellas son:

• No hacer recuperos o hacerlos mal, implica perder mucho dinero. 
• Una compañía que no hace los recuperos, perjudica a todas las demás. 
• Una compañía que hace mal los recuperos y pierde juicios, perjudica a todas las demás.
• Una compañía que transa muy bajo sus reclamos, también perjudica a todas las demás. 
• No hay recuperos chicos. Si los contrarios saben que no se hacen juicios por menos de determinado monto, simplemente no van a pagarlos.
• No obstante, no hagas juicios por montos irrisorios.
• Nunca pierdas un juicio (elige bien los casos).
• Si un caso viene mal: transa o desiste, no lo dejes llegar a sentencia.
• Nunca seas demandado. Los jueces se acuerdan de los demandados que no quieren pagar sin razón y ello pesa en los juicios siguientes. 

Hoy los recuperos se hacen en Uruguay. Todas las compañías los hacen y constituyen un rubro esencial de la ecuación primas/riesgos.

Todo esto comenzó en 1975 cuando Juan Francisco Canil decidió que había llegado la hora de cambiar una realidad inaceptable. Para cuando falleció en 1995 y luego de veinte años de recupero exitosos en Uruguay, las condiciones de los recuperos judiciales en Uruguay resultaban ser mejores que en otros países. En especial eran infinitamente mejores que las condiciones de recuperos seguidos ante los tribunales del hemisferio norte que son siempre más favorables a los buques y a los grandes intereses armatoriales.

Las compañías de seguros ganan el 90% de los juicios de recupero que realizan. La jurisprudencia actual se basa en una razonable interpretación de lo que dice nuestra legislación sobre responsabilidad de los transportadores. Pero la misma no fue un milagro, ni surgió por generación espontánea. Fue el resultado de un trabajo enorme, minucioso y muy eficaz. Ello implicó no sólo trabajar mucho en los juicios sino también una tarea previa de cuidadosa selección de los juicios que se hacían. También implicó una política de difusión y docencia de temas de derecho del seguro y del transporte.

En este rubro se incluyó la participación activa de la Comisión Local en congresos y seminarios sobre los temas de su interés, pero más que nada la publicación de la Revista de Transporte y Seguros por la Comisión Local de Aseguradores. 

Esta revista le llega en forma gratuita a todos los jueces desde hace 34 años y contribuye a que la jurisprudencia se conozca y se difunda. Su existencia y difusión es esencial como parte de la política de recuperos del sector. 

Otra anécdota de Cacho: cuando se publicó el segundo número de la revista, el gerente de una compañía pidió que en el futuro los ejemplares fueran numerados para asegurarse que la editorial no vendiera ejemplares sin darnos cuenta. Canil le contestó que no estábamos en el negocio editorial, no la editábamos para obtener ganancias con la venta. La Revista es un costo mínimo que se compensa con creces por la vía de la mejora de los índices de recupero. 

La Revista, además, contiene artículos de doctrina sobre temas de interés que luego tienen una influencia notoria en la docencia del derecho de los transportes y de los seguros. Antes de que Canil cambiara la política de recuperos de las compañías, no existía jurisprudencia al respecto. Entre 1924 y 1975 no hay ninguna sentencia publicada sobre reclamos por daños a la carga. 
Actualmente existe una jurisprudencia que se creó por los juicios llevados adelante por los aseguradores y que hizo que los jueces estudiaran y supieran de las materias en litigio. La Revista difunde esa jurisprudencia y las sentencias uruguayas se citan y comentan aún en Europa. La Uniform Law Review de Unidroit suele incluir notas sobre sentencias uruguayas cuando aplican convenciones internacionales. Y el Anuario de Derecho Marítimo, que desde hace cuarenta años publica Ignacio Arroyo en España, tiene desde los años noventa una sección especial de “Novedades de la jurisprudencia y legislación de Uruguay” que incluye un resumen de las sentencias publicadas cada año por nuestra revista.  

Todo este esfuerzo enorme no debe perderse.

Cuando falleció, joven aún, en 1995, dejó un vacío imposible de llenar. Con él perdimos un amigo, pero también un maestro. Y el mercado asegurador todo perdió uno de sus más preclaros líderes y conductores. 

Está en nosotros hacer conocer su influencia e importancia y mantener vigentes las “Reglas de Cacho”.

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